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viernes, 8 de febrero de 2013

FRASES HECHAS

TIENES MÁS CUENTO QUE CALLEJA

Saturnino Calleja fue el propietario de la Editorial Calleja, en la que desde el año 1879 empezó a publicar libros de cuentos. Su particularidad residía en la sencillez en la que estaban realizados y su bajo precio, lo que propició que tuvieran una gran demanda y se hicieran muy populares. Eran libros entretenidos y llenos de ilustraciones, algo que ayudó a venderlos muy fácilmente.
Cuando alguien tiene una gran inventiva, pone muchas excusas, exagera una dolencia/enfermedad  o le echa a alguna cosa mucho embuste/engaño, es habitual usar con esa persona la expresión «tiene más cuento que Calleja».

La Editorial Calleja publicó alrededor de 3.000 títulos, la mayoría cuentos, lo que hizo que rápidamente se empezara a utilizar la expresión «tienes más cuento que Calleja».


¿De dónde surge la expresión "tener más cuento que Calleja"?


MALA LECHE
Cuando alguien tiene mal carácter es muy común relacionarlo con la expresión ‘tener mala leche’. La vinculación entre el lácteo y las ‘malas pulgas’ viene por la asociación que se le daba desde tiempos antiguos a que los bebés absorbían la personalidad de quién les daba de mamar.
Era una práctica muy común el hecho de contratar a ‘nodrizas’ que se encargaban de amamantar a los hijos de otras mujeres que acababan de parir y no podían alimentar a sus hijos.
La selección de la nodriza se realizaba en la mayoría de ocasiones de una manera estricta, teniendo muy en cuenta los orígenes de la persona contratada, su nivel cultural y, sobre todo,  que no tuviese antecedentes penales y ningún tipo de problema psíquico y/o emocional (tanto personal como familiarmente).
Pero no siempre se conseguía contratar a la persona más adecuada para alimentar a los lactantes, por lo que se tenía la segura convicción de que si el niño/a tenía problemas de comportamiento social o algún tipo de enfermedad, ésta habría sido adquirida a través de la ‘mala leche’ que había mamado la criatura. De ahí que naciese la asociación de ideas entre el carácter y la leche con la que se alimentó.
El propio filósofo de la Antigua Grecia, Aristóteles, tenía el convencimiento de que todas aquellas personas que habían mamado la misma leche tenían un nexo común entre ellas y formaban parte de una misma estructura social dentro de la aldea/población en la que habitaban.

RECLAMACIONES AL MAESTRO ARMERO
Solemos aplicar esta frase cuando nos referimos a una situación en la que queremos eludir una reclamación y desviar la atención de la persona que reclama hacia un tercero. Suele referirse a problemas sin solución o de los que no queremos hacernos responsables.
El origen de la misma se remonta a 1703, cuando Felipe V creó el cargo de maestro armero. En aquella época empezó a utilizarse el fusil sustituyendo a las picas como arma de infantería, el maestro armero era la figura militar dedicada a las reparaciones y mantenimiento que el armamento requería y era a él a quienes debían dirigirse los soldados cuando algún arma presentaba algún problema.
Es probable que los soldados acudieran a él frecuentemente para quejarse por deficiencias de las armas, incluso por problemas de poca importancia. Con el tiempo se acabó convirtiendo en una costumbre que ante cualquier reclamación o reproche de cualquier índole se aplicara la susodicha expresión de ‘¡a reclamar al maestro armero!dejando entrever un tono de ‘¿y a mí que me cuentas? No es mi responsabilidad’ o ‘yo no puedo hacer nada’.
Algunas fuentes intentan dar otra explicación al origen de la expresión, pudiéndonos encontrar con las siguientes:
  • Una explica que las reclamaciones al maestro armero eran del todo inútiles, ya que al ser una pieza más en el escalón de mando debía cumplir las órdenes de sus superiores, y su opinión o acciones no tenían ningún poder o relevancia.
  • Otra afirma que si algún soldado tenía un problema con su arma y moría o quedaba lesionado, por no poder defenderse correctamente, las reclamaciones eran ya inútiles porque la desgracia ya se había producido.
  • Finalmente también se apunta a que los soldados podían echar la culpa de su falta de efectividad o errores en el campo de batalla al maestro armero que era el que les preparaba y acondicionaba las armas.

EL PITO DE UN SERENO
Esta expresión se aplica cuando a una persona no le damos ninguna importancia, no la tenemos en cuenta y sus opiniones nos resultan poco o nada relevantes, llegando incluso a abusar de su buena fe y bondad.
La emblemática figura del sereno apareció como tal en España durante el último cuarto del siglo XVIII y perduró a lo largo de cerca de 200 años, desapareciendo paulatinamente por el uso del despertador y la aparición del portero automático entre otros avances.
Sus cometidos eran variados, encendían las farolas, abrían las puertas de los edificios a los inquilinos que regresaban bien avanzada la noche (tenían en su poder las llaves de todos los portales), ejercían de vigilantes nocturnos, voceaban las horas e informaban del estado meteorológico. Seguro que entre los lectores de este blog se encuentra más de una persona que recuerda haber vivido la época en la que aun existían serenos nocturnos y era muy popular escuchar expresiones como el típico “¡las diez y sereno!”.
Fue precisamente función de informar del estado meteorológico la que dio origen a su nombre. El cielo solía estar, por lo común, sereno y a fuerza de repetir esta expresión una y otra vez pasó a ser el nombre con el que se los llamaba, acompañado de una palmada seca ¡Sereno!
Otra de sus obligaciones era avisar al cuerpo de bomberos si se producía un incendio, a la policía por robo u otras trifulcas y, en general, mantener el orden y la tranquilidad en las calles. Tan a pecho y concienzudamente se tomaban este último cometido que al primer indicio de alboroto o ruido en la calle hacían sonar su silbato enérgicamente, llenando la noche de continuos pitidos. Llegó un momento en que la policía hacía caso omiso de este constante uso del silbato, ya que temían que la mayoría de las veces fuera un aviso de poco interés o necesidad, una falsa alarma, y por ello los ciudadanos pasaron también a ignorarlo, desapareciendo poco después su uso por falta de efectividad.
DARLE EL CUARTO AL PREGONERO

 A raíz de la entrada que publiqué el pasado día 7 de enero sobre ¿Cuál es el origen de la expresión ‘de tres al cuarto’?, Esperanza Navas me envía un correo electrónico en el que me consulta sobre el significado y origen del la expresión ‘darle un cuarto al pregonero’ y si esta tiene algo que ver con la moneda de un cuarto que se menciona en el post.
Efectivamente, la moneda a la que se refiere el dicho ‘darle un cuarto al pregonero’ es la misma que menciono en el post sobre ‘de tres al cuarto’, aunque el significado de ambas frases nada tiene que ver la una con la otra.
De todos es conocido el oficio de pregonero, un empleado público que se encargaba de difundir de viva voz las noticias importantes (bandos municipales, leyes, dictámenes reales… ) que afectaban a los ciudadanos.
Era común que éstos también realizasen, por encargo de particulares que se lo solicitaban, la divulgación de cualquier tipo de noticias (bodas, bautizos, fallecimientos, ventas de terrenos…), tras percibir por ese trabajo una remuneración que solía ser de una moneda de un cuarto; la cual equivalía a cuatro maravedís de vellón y que fue acuñada a partir del siglo XIV, estando en vigencia hasta el XIX.
La propagación de noticias por parte de los pregoneros, tras recibir un pago, rápidamente se equiparó coloquialmente con el acto de difundir chismorreos, naciendo la expresión: ‘Lo mismo es decírselo a Fulanita, que dar un cuarto al pregonero’, con el sentido de que según qué le contabas a determinada persona, conocida por su indiscreción (normalmente una cotilla y/o chafardera), era lo mismo que encargar que fuese difundido por el pregonero a cambio de una moneda.



SE ARMÓ LA GORDA

La ‘gorda’ a la que se refiere la expresión es la forma en la que un gran número de ciudadanos se refirió a los acontecimientos, que temían que ocurrirán, tras el alzamiento militar (llamado ‘La Septembrina’ o ‘La Gloriosa’) y que se produjo entre el 19 y el 27 de septiembre de 1868, el cual propició el exilio de la reina Isabel II e inició la etapa conocida cómo ’Sexenio Democrático’.
Tras la sublevación militar, muchos eran los que predecían que se iba a ‘armar la gorda’, de ahí que quedase dicha expresión como sinónimo a un gran alboroto  o problema grave.
También es muy frecuente utilizar ‘Se armó la gorda’, con idéntico significado.

A TOCA TEJA


¿Alguna vez te han pedido que pagues algo a tocateja? Con esta curiosa expresión te están pidiendo que desembolses una compra o reembolses una deuda al contado, en efectivo y en mano. Literalmente y según la RAE:
“En dinero contante, sin dilación en el pago, con dinero en mano, en efectivo”
El origen de la expresión ‘pagar a tocateja’  proviene de una moneda de oro de gran tamaño (7,15 centímetros de diámetro y 339,35 gramos de peso) acuñada por Felipe III (de la Casa de los Austria) en el siglo XVII, llamada centén y cuyo valor era de 100 escudos(*).
Probablemente y debido al  gran tamaño que tenía cada moneda de centén, no tardó en comenzar a ser conocida popularmente con el nombre de ‘tejo’, que era la manera con la que se llamaba al pedazo pequeño de teja o piedra, muy utilizado  en diversos juegos infantiles de la época. Con el tiempo de tejo pasó a teja.
Por lo tanto ‘pagar a tocateja’ era concretamente tocando la teja, la moneda.




ESTAR SIN BLANCA


Seguro que en más de una ocasión hemos utilizado de forma coloquial la expresión “Estoy sin blanca” para referirnos a que no llevamos dinero encima o estamos faltos de liquidez en ese momento.
Pues bien, dicha expresión procede de una moneda llamada “Blanca del Agnus Dei” y que fue acuñada en el año 1386 durante el reinado de Juan I de Castilla con motivo de las guerras contra el Duque de Lancaster.
Aunque de aspecto blanquecino dicha moneda era de plata y cobre. Con el transcurrir del tiempo, la moneda fue devaluándose y acabó siendo acuñada únicamente de cobre, siendo ínfimo su valor, por lo que alguien que no tuviese “ni blanca” representaba que estaba en la más absoluta de las ruinas.

ARMARSE UNA TANGANA


Recibo un email de Jordi Botella que me consulta sobre el origen y relación de la palabra ‘tangana’ respecto a una pelea o follón.
Seguro que en más de una ocasión escuchando las noticias habéis observado como el periodista informaba sobre una pelea que se armó en un evento deportivo (partido de fútbol, baloncesto…) y se ha referido a ella como ‘tangana’.
El origen del uso del término tangana como sinónimo de pelea o follón podemos encontrarlo en el ‘chito’, un juego muy extendido en España y cuyo orígenes se remontan al siglo XIII. (*)
El chito consistía en lanzar un disco (habitualmente de hierro) o un tejo contra un cilindro de madera (llamado también tanga, tango o tángana) y que se encontraba situado en el interior de un círculo.
Los participantes apostaban unas monedas que eran colocadas sobre la tángana y lanzaban sus discos (o tejos) con la intención de derribarla, ganando las monedas que más cerca quedaban de su pieza lanzada.
Era entonces cuando en más de una ocasión los diferentes jugadores no se ponían de acuerdo de cuál de los tejos era el que se encontraba más cerca de las monedas y quién debía ser el ganador, por lo que con bastante frecuencia comenzaba un alboroto y pelea entre ellos que terminó conociéndose con el famoso ‘armarse una tangana’.

(*)El juego del chito tiene diversas modalidades a la hora de practicarse y es conocido a lo largo de toda la geografía con diversos nombres, pudiéndonos encontrar que, según el lugar,  se le llame chito, tula, tuta, tanga, tángana, percho, tarusa…



Seguramente alguna vez habéis utilizado o escuchado alguna frase parecida a las siguientes: “A Fulanito le gusta Menganita; le acaba de tirar los tejos” “No sé, no sé, pero creo que Zutano me está tirando los tejos” “Me da la sensación de que me estás tirando los tejos ¿o me equivoco?”
Coloquialmente “tirar los tejos” se utiliza para indicar que alguien quiere insinuar su interés a otra persona o intenta manifestarle indirectamente lo que de él/ella espera (según la RAE).
El origen de esta expresión proviene de un antiguo juego llamado el tejo, que consistía en tirar una piedra o trozo de teja (habitualmente caído de algún tejado y conocida como tejo) contra un palo de madera clavado/depositado en el suelo y cuyo objetivo era derribarlo.
Era un juego que se practicaba en plazas o parques públicos y en los que mientras unos jugaban otras personas paseaban o estaban sentadas en algún banco cercano.
Era usual que, cuando a algún muchacho le gustaba una de las chicas que por allí se encontraban, tirase el tejo a una distancia cercana de donde estaba ésta y, con la excusa de ir a recogerlo, aprovechase para insinuarse, charlar o hacerle ver su interés por ella.
Con el tiempo se popularizó esta peculiar y original forma de mostrar el interés por alguien y el simple acto de tirar el tejo cerca de una persona ya era sinónimo de querer entablar una amistad especial.




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